Morales de los Rios y Luque, Jose de Biografia

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José de Morales de los Ríos y Luque Biografía



Jefe de escuadra de la Real Armada Española.
Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 3ª clase.
Cruz de la Real y Muy distinga Orden Española de Carlos III, pensionada.

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad de Cádiz el 16 de diciembre de 1782, siendo sus padres, don José de Morales y de los Ríos y de Salazar, y doña Rosa de Luque y Villapor.

Hoja de Servicios

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cartagena, el 16 de septiembre de 1797. Expediente N.º 3.789.

En 1799 concluidos sus estudios elementales, hizo su primera salida al mar embarcado en el mes de agosto en la fragata Matilde, trasbordando en noviembre siguiente al jabeque Lebrel, prestando diversos cometidos durante sus embarcos, recibiendo la orden de presentarse en la Compañía.

Por orden del 1 de enero de 1808 embarcó en el navío Atlante, perteneciente a la división del brigadier don José Justo Salcedo, con quien aumentó sus conocimientos en matemáticas, pasando en el mes de abril al navío San Antonio, para el 1 de junio siguiente trasbordar de nuevo al Atlante, donde permaneció hasta el mes de diciembre para regresar a la Compañía.

El 23 de febrero de 1809 fue ascendido a alférez de fragata. En el mes de abril de 1810 se le ordenó embarcar en el navío San Pedro Alcántara, zarpando en comisión, fondeando en la bahía de Cádiz el 24 de septiembre siguiente, recibiendo la orden de desembarcar el 22 de octubre continuo, siendo destinado el 28 al apostadero de La Carraca, donde se le otorgó el mando del cañonero número 1, participando en los ataques al Trocadero y apoyando en el combate sobre Chiclana, por su valor y heroísmo, fue condecorado con la Cruz de Distinción conmemorativa.

Prosiguió en las fuerzas sutiles hasta el 28 de enero de 1812, por recibir la orden de embarcar en la corbeta Sebastiana, zarpando en comisión de correo rumbo a Tierra Firme, la Guaira, Puerto Rico, la Habana y Veracruz, fondeando de regreso en la bahía de Cádiz el 11 de septiembre siguiente.

Por Real orden del 13 de febrero de 1813 fue ascendido al grado de teniente de fragata, zarpando con el mismo buque rumbo a Montevideo y doblando el cabo de Hornos para arribar al Callao, donde se le dió la orden de trasbordar al navío Asía, con él regresó a la bahía de Cádiz el 30 de mayo de 1815, recibiendo la orden de desembarcar el 22 de junio siguiente.

Se le ordenó viajar a la Corte con licencia y pasaporte, al llegar le fue entregada la Real orden del 25 de julio siguiente, con su ascenso al grado de teniente de navío, regresó destinado al Arsenal de La Carraca, donde le llegó la Real orden del 15 de octubre de 1816, siéndole concedido en propiedad el grado anterior, permaneciendo en su destino hasta recibir la Real orden del 4 de enero de 1817, por serle otorgado el mando del bergantín-goleta María Isabel, realizando varios cruceros entre los cabos de Santa María y San Vicente en protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar.

Por Real orden del 21 de octubre siguiente se le otorgó el mando del bergantín Voluntario, continuando en su comisión anterior, arribando de regreso a la bahía de Cádiz el 31 de diciembre.

Con su buque zarpó el 11 de marzo de 1818, en comisión de correo a los puertos de costumbre, arribando de regreso a Cádiz el 9 de octubre siguiente, el 2 de diciembre volvió a la mar en comisión secreta, a su regreso el 5 de junio de 1819, se encontraba sobre el cabo de San Vicente, siendo atacado por un bergantín insurgente de Buenos Aires de muy superior fuerza, el combate duró tres horas y media, después de este tiempo el enemigo se vió obligado a cazar el viento alejándose en franca huida.

Por esta acción S. M. firmó la Real orden del 3 de julio seguido, con su ascenso al grado de capitán de fragata graduado, añadiendo la concesión de la Cruz de la Marina con Diadema Real, pocos días después se le ordenó desembarcar.

Por Real orden del 21 de octubre seguido se le confirmó en propiedad su grado anterior, pasando por orden superior como Segundo comandante del navío San Julián, realizando varios cruceros, permaneciendo a su bordo hasta recibir la orden en 1822 de trasbordar con el mismo cargo al navío Asía, realizando con él en 1823, todas las misiones encomendadas, por estar sitiada la ciudad de Cádiz por las tropas del duque de Angulema con sus ‹Cien mil Hijos de San Luis›, para serle devueltos los poderes absolutos a don Fernando VII el 1 de octubre, permaneció en el buque hasta recibir la orden de desembarca a finales del mismo año.

Por Real orden del 10 de mayo de 1824 se le otorga el mando de la fragata Perla, como estaba fondeada en Cartagena, se desplazó por tierra, al llegar tomó el mando efectivo, zarpando al poco tiempo en comisión con rumbo a la ciudad de Tánger, regresando a la bahía de Cádiz el 12 de noviembre seguido.

El 22 de abril de 1825 zarpó dando escolta a la fragata mercante Victoria, en ella viajaba don Mariano Ricafort nuevo capitán general de Filipinas a su destino, la dejó a salvo habiendo pasado el paralelo de las islas Canarias, regresando a la bahía de Cádiz el 26 de mayo siguiente, zarpó el 1 de junio rumbo a Málaga en comisión especial, regresando a la bahía el 12, para el siguiente 18 zarpar dando escolta a un convoy con rumbo a Cuba, al que dejó a salvo fuera de la vista de las costas de la península.

Por Real orden del 14 de julio seguido fue ascendido al grado de capitán de navío, siendo destinado a la Habana, zarpando en expedición formada por una división con su fragata, más la Lealtad e Iberia y el bergantín Vengador, dando escolta a un convoy cargado con tropas con rumbo a Puerto Rico y Cuba, arribando sin novedad al apostadero de la Habana el 18 de diciembre.

A su llegada quedaron incorporados los buques a las órdenes del brigadier don Ángel Laborde, al poco tiempo recibió como apoyo para sus fuerzas navales el navío Guerrero, enarbolando su insignia y formando división se le unieron, la ya reparada Constitución, Lealtad, Iberia, Perla, Casilda y la goleta Habanera, zarpando del puerto de la Habana, visitando el puerto de Kinston de la isla de Jamaica, así como mostrar pabellón en las plazas de Santa Marta y Cartagena de Indias, consiguiendo con ello que los insurrectos desarmasen sus buques grandes, desistiendo de esta forma de cualquier acción en contra de la armas Reales, respetando así las islas españolas de Puerto Rico y Cuba, al dar por concluida la comisión arribaron a la Habana el 27 de junio.

Zarparon de nuevo el 28 de agosto con rumbo a Costa Firme, pero en el canal nuevo de Bahama a la altura del abra de Charleston, se levantó un tremendo huracán que desperdigó a todos los buques por ello cada comandante se lo tuvo que solucionar por sus medios, consiguiendo todos en diferentes días ir arribando al puerto de la Habana, la Perla logró arribar el 28 siguiente, como el resto sufriendo graves averías.

El 29 de enero de 1827 la división naval al mando del general don Ángel Laborde, compuesta por la fragata Lealtad, la corbeta Aretusa y el bergantín Hércules, bloquean en Cayo Hueso a la escuadrilla mejicana al mando del comodoro Poters, puesto en contacto don Ángel Laborde con el Cónsul español, le explicó la razón de su presencia y que advirtiera a las autoridades norteamericanas no cejaría en el bloqueo hasta hacerse con los buques piratas, pasados unos meses y viendo el británico que nada podía hacer se vio obligado a vender sus buques, zarpando como un viajero más en un mercante, al ser conocida la noticia la escuadra regresó a la Habana.

Pudo realizar esta acción de fuerza gracias a que en el apostadero de la Habana no se paraba ni de día ni de noche en la reparación de los buques dañados por el tremendo temporal, siendo la Perla la que se pudo incorporar al bloque un tiempo más tarde, como lo iban haciendo el resto de sus compañeras, pues se encargaba de agilizar los trabajos el Segundo en el mando del apostadero de don Juan Bautista Topete.

El 17 de octubre siguiente zarpó de la Habana con rumbo a la bahía de Cádiz, donde fondeó el 1 de diciembre, siéndole concedida licencia para Madrid para recuperarse, al encontrase restablecido regresó a su Departamento, retomando el mando de su fragata permaneciendo hasta el 8 de mayo de 1830.

Se le dio el mando de una división naval compuesta por el bergantín Realista, enarbolando su insignia de jefe, otros dos de su mismo tipo y dos goletas, con ellas zarpó de Cádiz el 23 de mayo de 1830 rumbo al puerto de Mahón donde quedó estacionada, en prevención de las operaciones que la marina francesa iba a realizar en Argel, al finalizar regresó a la bahía el 23 de noviembre, dando cumplida información de lo realizado por el país vecino, recibiendo las Reales gracias.

Por Real orden del 26 de julio de 1831, se le otorgó el mando del navío Guerrero, el cual se estaba recorriendo en el Arsenal de la Carraca, al terminarse de alistar fondeó en la bahía en el mes de agosto de 1832, formando parte de la división al mando del capitán de navío don Antonio Quintano, zarpó de Cádiz el 3 de enero de 1833, con rumbo a Vigo donde fondeó el 12 siguiente.

Se encontraba en éste puerto cuando se le dio la orden del 15 de mayo seguido de trasbordar como Comandante a la fragata Lealtad, zarpando el 19 siguiente en la división del brigadier don Roque Guruceta, con rumbo a Lisboa donde debía embarcar el Infante don Carlos y su familia, para ser transportados a los Estados Pontificios, el Infante fue retrasando el embarque, lo que permitió al Emperador don Pedro tomar Lisboa, obligando a la Corte de don Miguel a la que pertenecía el Infante a internarse en el país, ante la imposibilidad de poder embarcar en la fragata, se le dio la orden de zarpar del puerto del Mar de la Paja con rumbo a Vigo, a esperar ver como se solucionaban el problema sucesorio en el país vecino.

Por Real orden del 14 de julio continuo fue ascendido al grado de brigadier, el 29 de septiembre siguiente falleció el rey don Fernando VII, siendo elevada al trono doña Isabel II, por contar con tan solo tres años de edad, fue nombrada reina Regente y Gobernadora su madre, doña María Cristina de Borbón, por esta razón se le ordenó dar por terminada la comisión, siendo destinado con su buque a vigilar las aguas del mar Cantábrico, zarpando de Vigo a principios del mes de octubre.

Zarpó el 3 de enero de 1834 del puerto de Santander con la fragata Lealtad, del porte de 50 cañones, encontrándose en el golfo de Vizcaya al día siguiente se desató un duro temporal que intentó correrlo, llegando el 10 a las cercanías del puerto de salida, pero no pudo salir ningún práctico, decidiendo fondear en la playa del Sardinero, lo que se hizo con prevención dejando caer dos anclas, pero faltaron los cables, a pesar de ello calaron las gavias y sin practico se intento entrar en el puerto, resultando una maniobra imposible, avanzando hasta donde el viento les dejó, volviendo a dejar caer dos anclas y un anclote, viendo la imposibilidad de mantenerse se largo un velacho, se picaron los cables y lograron entrar en el puerto el 12, pero estando recibiendo apoyo de las barcas de los naturales, se levantó un huracanado viento de S. que hizo imposible todo socorro, siendo estrellada sobre la costa en la madrugada del 13.

Pasó por el Consejo de Guerra, saliendo de él con todos los parabienes, tanto que fue honrado por S. M. siendo nombrado en diciembre de 1834, Segundo jefe de las Fuerzas navales de la costa de Cantabria, pasando a Santander donde tomó el mando el 1 de enero de 1835.

En 1836 se hizo cargo interinamente de la Comandancia general de estas fuerzas, estando bajo su mando apoyó a las fuerzas en la línea de San Sebastián el 1 de octubre y posteriormente, realizó una comisión consistiendo en introducir trescientos quintales de pólvora, en el tercer sitio de Bilbao bajo el fuego de las baterías enemigas.

También socorrió al fuerte de Burcetras y prestó su apoyo naval al ejército que se retiraba del puente de Luchana, siendo salvadas las tropas al poder ser embarcadas en sus buques.

Por todos estos buenos ejemplos de valor y desprecio de la vida, le fue concedida la Cruz de la Real y Muy distinga Orden Española de Carlos III, pensionada.

Entregó el mando de la comandancia a su propietario y continuó la campaña del sitio, hallándose de nuevo en la batalla de Luchana, la noche entre el 24 á 25 de diciembre por su denodado heroísmo, al terminar las operaciones se le correspondió entregándole la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 3ª clase, haciéndose merecedor de la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, siéndole añadida la medalla conmemorativa del Tercer sitio Bilbao.

Durante 1837 continuó contribuyendo en las operaciones de tan dolorosa guerra civil, estando presente en los combates del mes de marzo, contra los pueblos de Leza y Rentería, así como en el ataque de los días 17 y 18 de mayo sobre Irún y Fuenterrabía, cuando fueron tomadas, recibiendo poco después la Cruz de distinción de estos hechos de Armas.

Le fue concedida una licencia de cuatro meses para recuperarse en su casa de Madrid, al cambiar el Gobierno por Real orden del 21 de diciembre siguiente fue nombrado Comandante General propietario de las Fuerzas navales del Cantábrico, tomado posesión del mando el 13 de febrero de 1838, siéndole concedida por S. M. el uso de insignia de preferencia.

Permaneció al mando hasta el 27 de abril de 1839, por haber sido ascendido al grado de jefe de escuadra, poco más tarde al tener cumplidos los requisitos de la Orden, se le concedió la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

Por Real orden del 26 de junio de 1839 se le nombró Comandante General del Departamento de Cartagena, permaneciendo hasta el 12 de enero de 1841, por ser nombrado en igual cargo en el Departamento de Cádiz.

Permaneció hasta el 23 de julio de 1843, cuando tuvo lugar el alzamiento contra las arbitrariedades del Regente el general Espartero, como Morales estaba en deuda con él, pues su último ascenso y destino se lo debía a éste, no quiso apoyar el alzamiento contra su benefactor, por ello consecuente consigo mismo dimitió del cargo.

No se pudo mover hasta llegar su sustituto, siendo el capitán de navío don Antonio Fernández de Landa, a quien no le correspondía por su grado, pero todos los que debían de ocuparlo se negaron.

Todos los sinsabores últimos aceleraron su fallecimiento, teniendo lugar el 28 de diciembre de 1843, en la ciudad de Cádiz, cuando contaba con sesenta y un años de edad.

Bibliografía:

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 36. 1918. página, 911.

Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso de. Vizconde de Ayala, Ceballos-Escalera y Gila, Luis de, y Madueño y Galán, José María.: Los Marinos en la Orden de San Fernando. Ministerio de Defensa. Madrid, 2011.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Fernández Duro, Cesáreo.: Naufragios de la Armada Española. Establecimiento tipográfico de Estrada, Díaz y López. Madrid, 18

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

VV. AA.: Antiguos Pasaportes de la Real Armada. Sociedad de Bibliófilos Españoles. Madrid, 1978.

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