Carta Nautica o Portulano de Juan de la Cosa 1500

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Carta Náutica o Portulano de Juan de la Cosa 1500

Fotografía a color del portulano.
Cortesía del Museo Naval, Madrid.

El llamado mapamundi de Juan de la Cosa no es un mapamundi en el sentido estricto de la palabra sino una carta (náutica) universal manuscrita. Tiene 93 m/m de alto y 183 m/m de ancho. El tamaño es irregular puesto que esta realizada sobre dos piezas unidas de pergamino (posiblemente de piel de ternera) correspondiendo la parte derecha a la zona del cuello. Tras su adquisición por España, el pergamino fue pegado a una piel para protegerlo.

La carta esta autografiada y datada. En la parte más estrecha de ella (la correspondiente al cuello de la piel), justo debajo de la imagen de San Cristóbal y en una sola línea vertical figura la leyenda « Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en anno de 1500 »

Las únicas líneas geográficas presentes son la del Ecuador, la del Trópico de Cáncer y el Meridiano de las Azores (el mismo usado en el Tratado de Tordesillas). Hay dos rosas de los vientos principales (de 32 rumbos) que rodean unas imágenes de la Virgen y el Niño. Estas rosas sirven de centro a dos circunferencias marcadas por otras 16 rosas de los vientos adicionales. Las escalas están situadas en los márgenes superior e inferior de la zona correspondiente al Atlántico. Por aquel entonces se media en leguas equivalentes a 4 millas romanas.

Las diferentes naciones y tierras de soberanía están representadas, como era tradicional en los portulanos de la época, por banderas y escudos. La novedad en la carta de Juan de la Cosa son las carabelas y naos que con las banderas de Castilla y Portugal jalonan las costas americanas y la ruta de la India como indicadores de exploraciones marítimas de las dos naciones ibéricas.

Las ciudades están representadas por perspectivas detalladas y dibujos que las caracterizan. Así, las grandes ciudades europeas, gran parte de las asiáticas y alguna africana están representadas como panorámicas arquitectónicas, algunas reales y otras que incluyen algún edificio representativo. En otras solo se dibuja el edificio más significativo mientras que las ciudades mas desconocidas son representadas por un castillo o palacio de apariencia exótica. Algunos de estos representan reinos o regiones de áreas remotas conocidos solo por algunas referencias de viajeros y están situadas de forma un tanto aleatoria. Otras tierras lejanas están representadas con imágenes idealistas de sus reyes (la única reina es la de Saba, situada sobre Arabia). Sobre el centro de Asia los tres Reyes Magos caminan hacia Palestina.

En la carta se observa una característica clásica de la escuela sevillana. Puesto que el objetivo de ellas era servir de guía al navegante la carta es un instrumento científico donde se busca la máxima exactitud geográfica. Se diferencia así de los mapamundis tradicionales donde parte de la información y, en especial, las formas de la Tierra estaban sujetas a un tratamiento imaginativo por parte del autor (caso de los mapamundis de Ptolomeo). Esto puede verse claramente en el extraordinario detalle y exactitud de las zonas correspondientes a Europa y Mediterráneo, detalle que va disminuyendo conforme nos alejamos hacia zonas poco frecuentadas o exploradas (véase el Lejano Oriente, las Indias que buscaba Colon).

Este detalle es extensivo a la zona de las Antillas, donde ya se recogen las exploraciones realizadas en los tres viajes colombinos (1492, 1493 y 1498), el primero de Juan Caboto (1498), los de Ojeda, Vespucci y los suyos propios incluido el de 1499.

La isla de Cuba esta delineada con gran detalle. En cambio, las tierras al N de Cuba están representadas como una masa amorfa (la zona continental) y un grupo de islas distribuidas al azar indicación clara de que no disponía de información de primera mano de esa zona. Sin embargo, cinco banderas inglesas y la leyenda ‹tierra descubierta por los ingleses› marcan los descubrimientos realizados por Caboto en su primer viaje dos años antes. La Hispaniola y las otras islas de las Antillas también figuran con gran detalle. Bordeando la masa verdosa que representa al continente sudamericano, una serie de nombres, naves y banderas castellanas marcan las exploraciones a lo largo de las costas de Colombia y Venezuela realizadas durante el tercer viaje de Colon, Ojeda, Vespucci y él mismo.

De la meticulosidad con que se hizo la carta da idea una isla delineada en azul situada en el borde sur de las tierras americanas. Son las tierras descubiertas por Alvares Cabral para la corona portuguesa en abril del mismo año de 1500, solo unos meses antes de que Juan de la Cosa completara su carta. Cabral bautizo a la isla (eso creyó él que era) como Tierra de Santa Cruz. Con el tiempo, esa isla ‹ crecería › para ser conocida como el Brasil.

Una figura de San Cristóbal con el Niño a hombros preside la carta en el lugar que tradicionalmente ocupaba la imagen mariana. Se quiere ver en ello un homenaje a Colon. De la misma manera que San Cristóbal cruzo a Cristo a la otra orilla, Colon llevo la Fe cristiana al otro lado del océano. La posición de la figura también extraña puesto que lo lógico era colocarla en el margen y no cortando la costa con ella. Una teoría es que con ello se quería indicar la región donde se hallaba el paso a las Indias que Colon buscaría infructuosamente en su cuarto viaje.

La descripción de este mapamundi llevaría un libro completo pero creo que estas líneas son suficientes para dar a conocer una de las mayores joyas cartográficas de todos los tiempos y que, afortunadamente, podemos admirar hoy día.

Historia de su vida y hallazgo final, con retorno a España.

El mapamundi de Juan de la Cosa es una de las principales obras cartográficas de su tiempo. Aunque existen referencias a otras obras de este cartógrafo ninguna ha llegado a nuestros días exceptuando ésta. Sin embargo, el mapamundi estuvo cerca de desaparecer en el olvido. Al parecer, fue guardado en la Casa de Contratación siendo usado por los marinos españoles durante el final del siglo XV y principios del XVI pero en algún momento de este periodo desapareció sin dejar rastro.

De hecho, no se conocen citaciones ni descripciones realizadas ya sea por sus contemporáneos o por escritores posteriores. Su destino permaneció ignoto durante más de dos siglos hasta que un día del año de 1832 el barón de Walkenaer, embajador plenipotenciario de Holanda en Paris, lo halló en manos de un chamarilero. Ignorando éste la joya que tenia en sus manos lo vendió por unas pocas monedas. El hallazgo fue dado a conocer por el también barón Alexander von Humboldt en su obra: « Examen critique de l'Historie de la Géographie du Nouveau Continent »publicada en 1839.

En el mes de mayo del año de 1853, a la muerte del barón de Walkenaer su biblioteca salió a subasta pública y entre las numerosas obras, el lote numero 2.904 se anunciaba como « el más importante bosquejo geográfico que nos ha legado la Edad Media »

Se encontraba en esa época de ayudante del agregado naval en la Embajada de España en París don Cesáreo Fernández Duro, quien inmediatamente lo puso en conocimiento del Gobierno y éste, por mediación del Ministerio de Marina envió a don Ramón de la Sagra (naturalista, economista, sociólogo, intelectual y político) con la orden del Gobierno de no dejarlo escapar, por la manifiesta importancia del documento en cuestión, quien rápidamente se puso en camino acudiendo a la subasta el día señalado.

La Biblioteca Real de Paris pujó por él, así como un coleccionista particular que llego a ofrecer 4.000 francos. Ramón de la Sagra, viendo que el precio iba subiendo se levantó y dijo: « estoy aquí en representación de la Reina de España », por lo que la puja se paró inmediatamente pues no era posible competir, esta decisión que en realidad era un arma de doble filo le permitió comprarlo por 4.020 francos (finalmente se pagaron 4.321, comisiones de subasta, hay que suponer), traducido a reales fueron dieciséis mil ochocientos.

La compra oficialmente la realizó el Depósito Hidrográfico cuando era su director don Jorge Lasso de la Vega, pero pensó que mejor estaría en el Museo Naval de Madrid para poder ser visitada, donde se clasificó con el Núm. 553 (actualmente tiene el núm. 257) con esta descripción: « Carta de la parte correspondiente a la América, que levantó el piloto Juan de la Cosa en el segundo viaje del descubridor genovés en 1493, y en la expedición de Alonso de Ojeda en dicho año. Sustraída de España, la poseía el Barón de Walckenaer, cuyos testamentarios la vendieron en pública almoneda; y la adquirió el Depósito Hidrográfico. Su director, que fue el Sr. D. Jorge Lasso de la Vega, tuvo la condescendencia de que se depositase en este Museo, para que el público pueda ver un documento tan curioso y de mérito, con relación a la época en que se hizo » Siendo deposita en el Museo el día catorce de septiembre del año de 1853, siendo expuesta por vez primera en el Museo Naval de Madrid el mismo día, donde aún continúa.

Bibliografía

Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval nº 35. Autora: Luisa Martín-Merás. Páginas 59 y siguientes. Madrid, 2000.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por don José Mª Martínez-Hidalgo.
Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 15, 1913, páginas 1113 y 1114.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 21 dedicado por completo a España donde también figura la Carta Náutica.

González-Aller Hierro, José Ignacio.: Catálogo – Guía del Museo Naval de Madrid. Mº de Defensa. Armada Española. Madrid, 1996. 3 Tomos.

La lámina

Bernabéu Albert, Salvador: La aventura de lo imposible: Expediciones Marítimas Españolas. Lunwerg Editores. 2000. Con la colaboración de los Ministerios de Fomento y Asuntos Exteriores. Y como es lógico, con la aportación de los fondos del Museo Naval de Madrid.

Compilado entre varios compañeros del foro Todoavante ©.

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