Ataque fragatas José Joaquín Bustamante y Guerra 5/X/1804

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1804 — El ataque a las fragatas de José Joaquín Bustamante y Guerra, el cinco de octubre

El generalísimo Godoy se mantenía en la cuerda floja, pues presionado por el Emperador y para evitar la guerra, se firmó el Tratado de San Idelfonso en el lugar del mismo nombre el día uno de octubre del año de 1800. Según reza a su pie: « Hecho en San Idelfonso el 9 vendimiario año 9.º de la república francesa (1º de octubre de 1800). — Mariano Luis de Urquijo — Alejandro Berthier. Haciendo el intercambio ya firmado en San Lorenzo el 9 brumario siguiente »

Al firmarse el pacto de familia, la musa popular había ya captado la situación de España, cantándose la siguiente letra:

¿A quién se ofende y se daña?
Á España.
¿Quién prevalece en la guerra?
Inglaterra.
¿Y quién saca la ganancia?
Francia.
Con que así saco en substancia,
que con peligro inminente,
amenazan claramente,
á España, Inglaterra y Francia.

Pero los británicos no veían con buenos ojos el tratado de San Ildefonso, (como ya se había hecho eco el pueblo español) por ello se dedicaron a hacer todo lo posible para atacar a España, de esta forma no se dejaban posibles enemigos a la espalda y por esta razón surgió la provocación, en su mejor forma y más habitual para ellos.

La ocasión propicia se presentó al ser informados de que el jefe de escuadra don José Joaquín Bustamante y Guerra al mando de cuatro fragatas de guerra, pero utilizadas como trasportes por estar en Paz con el Reino Unido, zarparon de Montevideo el día nueve de agosto del año de 1804 trasportando ciudadanos y unos caudales que ascendían a cuatro millones setecientos treinta y seis mil ciento cincuenta y tres pesos de plata (1), con mercancías y productos muy valiosos procedentes de aquellas tierras, pero no por ello dejaban de ser buques de guerra de la Real Armada Española; su división la formaban en el sentido de la marcha las fragatas Medea, de 42 (2) cañones, comandante, don Francisco Piédrola; Nuestra Señora de las Mercedes, de 34, comandante, don José Goicoa; Fama (a) Santa Victoria, de 40, comandante, don Miguel Zapiaín y Santa Clara, de 34, comandante, don Diego Alesón, con rumbo a la bahía de Cádiz.

Su navegación era la clásica de fila pues no había nada que temer, pero el día cinco de octubre del año de 1804, en las cercanías del cabo de Santa María, fueron avistadas otras cuatro fragatas de guerra con el pabellón del Reino Unido, siendo éstas de mayor porte que las españolas y con toda su artillería, al contrario que las españolas.

En el parte de Bustamante se puede leer: « La navegación ha sido feliz; sólo experimentamos en la fragata Medea ciertas calenturas epidémicas, dimanadas tal vez del calor y humedades de los chubascos de La Línea » (3)

Las fragatas británicas al darle alcance, muy sutilmente se fueron colocando cada una al costado de cada española, quedando en la misma posición emparejadas que están escritas. Eran la fragatas Indefatigable, insignia, un navío rebajado, con veintiséis cañones de á 24, dieciséis carronadas de á 42 y cuatro obuses de á 12, al mando del capitán Graham Moore; la Lively, con veintiocho de á 18, dieciocho carronadas de á 32 y cuatro obuses de á 9, capitán Graham Eden Hamond; la Amphion, con veintiséis de á 18, dieciocho carronadas de á 32 y dos obuses de á 9, capitán Samuel Sutton y la Meduse, con veintiséis de á 18, doce carronadas de á 32 y cuatro obuses de á 9, capitán John Gore.

De la insignia de la británica, se le preguntó a la española « de que puertos de salida procedía y cuáles eran los de llegada », a lo que se les respondió, « de los de América y con destino a Cádiz »

La Indefatigable disparó un cañonazo con bala, para anunciar que: « Enviaba un bote con un oficial »

Por lo que regresamos al parte de Bustamante, para mejor que nadie dar una idea de lo acontecido y la forma en que se le obligaba a combatir o sucumbir, pues no hay mejor pluma para ello, que la de quién ha vivido la experiencia:

« No puedo, señor Excmo., explicar a V. E. la admiración que causó a todos el decirme este oficial cuando subió a bordo que: « Aunque no estaba declarada la guerra y habían reconocido y dejado libres varias embarcaciones españolas, tenía orden particular el comodoro de su Majestad Británica para detener la división de mi mando y conducirla a los puertos de la Gran Bretaña, aunque para ello hubiese de emplear las superiores fuerzas con que se hallaba y que no con otro objeto se le había confiado tres semanas antes, entrando en un reñido combate » »

Ante la perplejidad del jefe de la división española, ordenó « llamada » (Consejo de Oficiales), en él se acordó presentar combate y por ello enviar a un oficial, para así ganar tiempo e ir preparando a los buques españoles para él, encargado de decirle al oficial británico, que permanecía a bordo, que los buques españoles estaban preparados para defender el pabellón español, por lo que inmediatamente se izaron las banderas de señales al resto de la división, para que se alistaran lo más rápidamente posible, así como en el propio buque, se corrió la voz para que los civiles se pusieran a cubierto y la dotación cubriera sus puestos.

Al ser notificado el oficial británico: « A esto, el oficial inglés salió al alcázar, hizo cierta señal con un pañuelo blanco a sus buques, y diciendo al intérprete que volvería por la respuesta o decisión del consejo de guerra, se retiró con su bote »

Nada más arribó el bote con el oficial británico al costado de contrafuego de su buque, estos lo rompieron siendo iniciado por el buque insignia británico con un disparo con bala, al que le siguió el de la fragata que estaba casi al costado de la Mercedes, con dos descargas cerradas de fusilería y la de artillería, con esto comenzó el combate generalizándose.

Sobre media hora después, al parecer una bala enemiga logró llegar a la santabárbara de la Nuestra Señora de las Mercedes, al penetrar un proyectil enemigo que a juzgar por la distancia, llevaba algún taco incendiado, siendo ésta la causa de la explosión, al hacerlo el buque saltó del agua al mismo tiempo que salían disparadas las astillas en todas direcciones y ángulos, algunas incluso hirieron a varios de sus enemigos, pero su rápida desaparición de la superficie fue una gran sorpresa para los españoles y no mucha menos entre los británicos, quedando demostrado el mayor poder de las enemigas por llevar artillería de más peso y sobre todo al ser a muy corta distancia.

Teniendo un enemigo menos dos de las británicas rodearon con gran ventaja para sus fuegos a la Medea: « dos fragatas más poderosas de artillería del 18 y 24, con carronadas del 32 y 42, servidas con llaves y por una marinería escogida »

Con esta ventaja no es de extrañar, que dos horas después de comenzado el combate, éste estuviera prácticamente decidido, habiendo transcurrido dos horas y media desde el primer cañonazo.

La fragata del comodoro, insignia de la división; « era un navío rebajado, que en otro tiempo había batido y hecho varar a otro francés de 74 cañones »

Por lo decidido en el Consejo de Guerra de Oficiales, cada comandante quedaba libre de actuar a su mejor forma de hacer y entender, por ello la Clara fue la última que se rindió del grupo central, estando ya en muy mal estado, mocha y con varios agujeros a flor de agua, que le hacían embarcar mucha agua, por soportar el fuego por ambos costados de las dos británicas Indefatigable y Amphion, que había hundido a la Mercedes; mientras que la Fama, intentó huir basándose en su velocidad, casi se había perdido de vista desde el cuerpo principal del combate, pero era seguida por las Lively y Meduse.

De los restos de la Mercedes, fueron rescatadas unas cincuenta personas, que estaban flotando utilizando los desperdigados restos del buque, que para algo sirvieron, entre ellos se pudo recuperar al Segundo comandante de ella, el teniente de navío don Pedro Afau. En esta explosión fallecieron entre otros muchos, siete de los hijos, esposa y un sobrino de don Diego Alvear, capitán de navío y Mayor general de la división, salvándose solo su hijo mayor Carlos María de Alvear (4) por estar embarcado en la Medea junto a su padre, por ser cadete de Dragones de Buenos Aires, a quienes Alvear aprovechando la paz intentaba ponerles a salvo en España, pero este fue su trágico fin.

Al final la Fama fue también apresada, conociéndose después que una de sus perseguidoras fue desarbolada por la española, en el diario de Alvear dice: «. . . al rendirse la Medea, estaba enteramente desmantelada y sin gobierno, y lo que es más, toda su gente abatida y llena de consternación por el reciente é infeliz suceso de la Mercedes; no pocos heridos, y aun muertos, retirados muchos más, y sobre 40, á título de convalecientes, en la enfermería, y las baterías, finalmente, desamparadas, de que se habían quejado repetidas veces los oficiales que las mandaban »

Las bajas confirmadas son de la Mercedes entre dotación y pasajeros, se pudieron rescatar a cincuenta personas de algo más de trescientas, siendo la diferencia muertos y desaparecidos, y de la Clara de sus doscientos noventa hombres, tuvo cuarenta muertos y setenta y cinco heridos, del resto no hay información

Se formó un conjunto entre británicas y españolas, arrumbando a la isla británica arribando la Fama el día diecisiete a Portsmouth, la Medea y Clara el día diecinueve a Plymouth, donde al llegar y por haber sido abordadas con las tripulaciones de presa británicas para ser marinadas, tuvo el efecto que todos pasaron la cuarentena, por estar declarado en la Medea un principio de epidemia, como ya se ha comentado.

Al ser canjeados y regresar a España, Bustamante pidió a S. M. se viera su conducta en Consejo de Guerra, el Rey era conocedor de todo lo ocurrido, por lo que en primera instancia se lo negó no considerándolo obligatorio en este caso, pero Bustamante se lo volvió a pedir, por esta razón se formó la Junta de generales en Cádiz, oyeron al implicado y a casi todos los que pudieron acudir, pero la sentencia, para juzgar tanto la derrota sufrida, como sus decisiones en el combate que era lo pedido por el brigadier, se le dictó de la siguiente forma: « procedió con todo el pulso que se requería » y que: « se batió hasta donde lo permitieron las circunstancias contra fuerzas tan superiores como eran cuatro fragatas contra tres », terminando por sentenciar: « declarándolo libre de todo cargo y apto para ser empleado en los mandos y comisiones que Su Majestad tuviese por conveniente conferirle »

Análisis:

Una vez más a lo largo de la Historia Naval de España, el Reino Unido (antes Inglaterra) le provoca por sus intereses a entrar en guerra. Una ignominiosa forma de conseguirlo, ya que eran sabedores que España respondería como lo hizo. (Pero que igualmente lo hubiera hecho otro país) porque el ataque se realiza en tiempo de Paz, por ello no deja de ser un acto de piratería más, de los muchos que este país ha cometido con otros varios países (como el ataque a la escuadra francesa en Mers-el-Kebir; —Mazalquivir— en 1940 ó el caso del submarino Conqueror causando el hundimiento del crucero General Belgrano argentino en Malvinas en 1982, cuando éste se encontraba fuera de las aguas declaradas como de Guerra por el mismo Reino Unido) siendo sólo unas muestras recientes o casi, que demuestran que en nada han cambiado.

Como consecuencia de este acto de piratería contra España, el Rey ordenó a nuestro embajador en Londres regresar a España, como respuesta lo mismo hizo el británico, siendo firmada por don Carlos IV la declaración de guerra al Reino Unido el día doce de enero del año de 1805, en forma de Manifiesto para darlo a conocer en todos los territorios de España, de esta decisión sobrevendría el combate naval de Trafalgar, donde consiguieron, por fin, ser la primera potencia mundial. Pero más por la inoperancia de España, ya que a pesar de las pérdidas en el combate, aún quedaban otros cuarenta y cinco navíos, a los que habría que sumar los cinco franceses que se salvaron del combate y fueron capturados al ser invadido el país por las tropas napoleónicas, siendo la realidad que España en Trafalgar solo perdió cinco navíos, mientras que Francia no pudo salvar ninguno.

Una simple curiosidad, es que este ataque lo efectúan unas unidades navales, que aparentemente eran iguales, pero no era así. De hecho el almirante Horacio Nelson, conocedor de la acción que se iba a llevar a cabo, envío a un navío para evitar que no corriera la sangre, pues ante su presencia era más convincente la superioridad, pero el buque no llegó a tiempo. Lo que nos lleva a pensar que; Primero: no se quiso involucrar a tan honorable almirante en este acto de piratería. Segundo: si lo envía ¿Por qué no lo hizo una semana antes? ¡Otra falacia para darle buen nombre al almirante, pero fuera de lugar por increíble! y Tercero: ¿Por qué no envío él a una de sus divisiones de navíos? Muy sencillo, ¡porque habría quedado su nombre asociado de por vida y Historia con un acto de piratería!

(1) El peso, es la misma moneda que el Real de a ocho, solo que en cada zona de los virreinatos se le denominaba de una forma. La denominación de —Peso —, era por ser el más pesado de las monedas de plata, a diferencia de las monedas de valor facial inferior que lógicamente eran más pequeñas, llegando hasta el cambio de nombre de la moneda por peseta, siendo el Duro o cinco pesetas, que estuvo en vigor con la misma cantidad de plata hasta el año de 1944, manteniendo su peso de 25 gramos con 900 milésimas de pureza, solo la devaluación por el tiempo entre una y otra moneda le llevo a pasar de ser una moneda de ocho reales a contener el duro veinte.

(2) Aclarar que el número de piezas de artillería mencionado en las fragatas españolas, es el máximo para entrar en combate, pero al ser tiempos de Paz y estar cargadas con familias enteras de transporte, con sus mercancías y enseres, en esas circunstancias la artillería era casi siempre la mitad, pues las piezas se bajaba a los sollados como lastre y en la primera batería, para dejar espacio para los pasajeros por si hacía mal tiempo, también se bajaban cañones al mismo lugar, reduciendo así su verdadera capacidad de combate, pero era la única forma segura de poder llevar incluso niños, que no dando vueltas por el alcázar.

(3) Se refiere al cruzar la Línea equinoccial del planeta. El Ecuador.

(4) Carlos María de Alvear, combatió en la guerra de la Independencia, siendo uno de los muy distinguidos en el sitio de Zaragoza, pero su arraigo estaba en Buenos Aires, por lo que al terminar la guerra en la Península pidió ser destinado a Buenos Aires, desde donde escribió en el año de 1815 una carta al embajador británico en Río de Janeiro, en la que le confirmaba que las provincias del virreinato del Plata querían ser británicas, participando en los últimos combates de la independencia de aquel territorio, siendo el padre de Torcuato un Intendente bonaerense y abuelo de Marcelo, quien llegó a ser presidente de la nueva República Argentina.

Bibliografía:

Cantillo, Alejandro del.: Tratados, Convenios y Declaraciones de Paz y de Comercio desde el año de 1700 hasta el día. Imprenta Alegría y Chalain. Madrid, 1843.

Cebrián y Saura, José.: Páginas Gloriosas de la Marina de Guerra Española. Imprenta M. Álvarez. 1917.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1895-1903.

González Cañibano, Modesto.: Génesis de los Bustamante. Biografía de Joaquín Bustamante y Quevedo. Editado por el Ayuntamiento de Santander, 2000.

La aportación principal es del diario del Mayor de la división don Diego Alvear.

Mariana, Padre.: Historia General de España. Imprenta y Librería de Gaspar y Roig. Madrid, 1849-1851. Miniana fue el continuador de Mariana.

VV. AA.: El Buque en la Armada Española. Sílex. Madrid, 1981.

VV. AA.: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Espasa-Calpe. 118 tomos.

VV. AA. Historia General de España y América. Ediciones Rialp. Madrid, 1985-1987. 19 tomos en 25 volúmenes.

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