1423 Saqueo de Marsella por la flota aragonesa

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1423 Saqueo de Marsella por la flota aragonesa.


Óleo de don Alfonso V de Aragón.
Alfonso V de Aragón


Después del ataque de Sforza a Nápoles, don Alfonso V tuvo que refugiarse en la fortaleza de Castel Nuovo, unos días después llegó al puerto, una nave al mando de don Gilabert de Centelles con municiones y víveres, y desde Sicilia llegó don Bernardo de Cabrera con muchos caballeros, por mediación de ellos pidió ayuda a su esposa doña María de Castilla quien por ausencia del Rey era la Regente del reino, llegando el emisario el 9 de abril. Al llegar la noticia a Barcelona se armó urgentemente una escuadra al mando de don Juan Ramón Folch de Cardona y Aragón, [1] compuesta por 22 galeras y ocho naves gruesas, saliendo el 11 de mayo y llegando a Nápoles el 10 de junio seguido, pasando a desembarcar las tropas y tomando parte de la ciudad, sobre todo para liberar al rey de Aragón un joven de 27 años.

Viéndose el Rey reforzado dio la orden de recuperar la ciudad, mientras él embarca en la escuadra por tierra envía al conde de Cardona y al de Pallás por una zona, por otra al infante don Pedro, así fue atacada la plaza por tres frentes, era tan recio el enfrentamiento que se hizo de noche y fue aconsejable pasar a descansar para proseguir al siguiente día por el desconocimiento de las calles.

Esta misma noche la reina Juana (promotora de toda esta guerra) aprovechó para enviar emisario y poner en conocimiento de Sforza lo que ocurría, pues estaban todos los grandes señores junto a ella refugiados, llegó poco antes de amanecer cuando ya media ciudad estaba en poder de las armas aragonesas; casi al mismo tiempo se ponían en marcha los aragoneses, mientras la escuadra bombardeaba la plaza en apoyo del ejército, durante el día Sforza demostró un gran valor, en cuatro ocasiones le mataron el caballo, por ello combatió mucho más pie a tierra que a horcajadas; al ver que el avance era lento por estar interrumpido constantemente por lo estrechas e intricadas calles, se dio la orden de pegarle fuego a los edificios que por ser de madera el viento pronto propagó por toda la ciudad, al ver la desproporción y gran efecto de las llamas el Rey Magnánimo ordenó a sus tropas salir de aquel infierno y retirarse al campo, controlando que los enemigos no pudieran escaparse.

Al ser imposible parar el incendio Sforza trasladó a la reina Juana de la fortaleza de Capuana a Aversa y de aquí a Nolá, puesta a salvo regresó al combate para defender la fortaleza de Capuana, al llegar se apercibió que su capitán Gracian se había rendido, pero le dio tiempo de ahorcarlo por no cumplir con su deber, de donde salió a defender el castillo de La Cerra, siendo imposible permanecer salió para hablar con la Reina en Aversa, indicándole se pusiera en contacto con Anjou quien se encontraba en Roma, ella acepto pero le pidió entregar a los presos de alta alcurnia en su poder a don Alfonso, a cambio del gran senescal Sergianni Caracciolo ―su favorito―, enterado don Alfonso encargó la comisión a don Bernaldo de Centelles y don Ramón de Perellós. Libre la reina revoca la adopción de don Alfonso a quien había tomado por hijo y entregado el ducado de Calabria, y nombrado su sucesor, notificando a todos los nobles su decisión para que la cumplieran tratándolo como enemigo, nombrando en su lugar el 21 de junio al duque de Anjou en la fortaleza de Aversa con gran pomposidad.

Por ello todos se pudieron en contra del Magnánimo y éste decidió tomar la ciudad de Iscla. Entraron de noche al poder dominar el puente; con ocho bajeles con pertrechos de boca y guerra don Alfonso bombardeo la población, se tomó el monte dominante de la zona; mientras en un esquife el Rey daba órdenes y animaba a los suyos, al parecer un golpe de mar puso quilla al aire el vaso, cayendo al mar S. M., siendo rescatado inmediatamente por los suyos salvándole de una muerte segura por el peso de la armadura y armas.

Al fin pudo tomarse la ciudad, dejando sus mejores tropas para darle guarda, pues el duque de Anjou había salido en dirección a Aversa, pero era conocedor de que todo el reino estaba en su contra. Le llegaron noticias de la revuelta en Castilla y le era imprescindible regresar a Aragón. El 1 de octubre se le presentaron cuatro capitanes enviados por Braccio para ayudarle a dominar la situación, eran de los más famosos de la zona, Lacobo Caldora, Enrico Malatacca, Bernardino Ubaldino y La Carda y Orso Ursino, con sus tropas reforzaron considerablemente la ciudad, puerto y castillos, viendo eran suficientes decidió embarcar para regresar a su reino.

Estando a punto de salir se presentó Sforza y Anjou con sus tropas, don Alfonso se vio obligado a dar la orden de desembarcar, a pesar del refuerzo que significaba fueron casi vencidos, no llegando a ello por hacerse de noche y los atacantes regresar a Aversa, no obstante el Rey dio la vela al día siguiente entrando en Gaeta, el 15 siguiente nombró al infante don Pedro de Aragón lugarteniente general del reino de Nápoles y gobernador de la ciudad a don Jacobo Caldona, quien tenía a sus órdenes varios capitanes de la zona y del reino de Aragón, totalizando mil hombres y mil doscientos caballos de gente toda ella muy escogida, dejando grandes esperanza de regresar para poner fin a la guerra, pues iba convencido de reunir suficiente dinero para armar más bajeles y hombres regresando así con mucha más fuerza.

Entregó el mando de Gaeta a don Antonio de Luna, el 17 de junio se hizo a la mar con 18 galeras y 12 velas de carga, transcurridas unas horas se levantó un duro temporal obligándoles a refugiarse en la isla de Ponza, cercana a Gaeta donde pasó el Rey, habiéndose perdido una galera por la inclemencia del tiempo.

Al calmar el temporal se hizo a la vela desde Ponza con la flota aragonesa, compuesta por 17 galeras y 12 buques diversos, con la idea de atacar Marsella por ser la principal de las ciudades en poder de Luis III de Anjou-Provenza, con la intención de que éste al verse atacado en su casa abandonara la presión sobre Nápoles, indicando que las naves que no puedan seguirle se junten en la isla Pomègues frente a Marsella y la orden al almirante de Aragón don Juan Ramón Folch de Cardona y Aragón siga a Barcelona para reunir más buques, y pase a las islas frente a Marsella a esperarle o él le esperaría si llegara con anterioridad.

Llegaron a Pisa donde don Alfonso fue recibido con mucho júbilo, recibiendo en su honor unas grandes fiestas, al concluir el agasajo embarcó saliendo a la mar, donde de nuevo se levantó un temporal que dispersó la escuadra, la ruta se hizo siguiendo la costa continental, pero bordeando luego el cabo Corso y evitando así el paso por la costa enemiga de Génova, la escuadra fue avistada a su paso por Niza y Tolón y luego por los vigías marselleses emplazados en el macizo de Marseilleveyre y después desde la colina de Nuestra Señora de la Guarda, junto a la incipiente capilla de esta devoción, por lo que la municipalidad de Marsella estaba ya avisada y en guardia ante un posible ataque. Desde allí vieron como los barcos aragoneses se reagrupaban en el archipiélago de Frioul frente al puerto marsellés, al abrigo de la isla de Pomègues. La ciudad medieval de Marsella estaba situada enteramente sobre la ribera norte del Puerto Viejo, una ensenada casi rectangular de 878 m de profundidad y orientación O-E y 285 m de anchura, con una pequeña bocana en el lado estrecho a poniente, teniendo fama de inexpugnable. Una muralla la envolvía principiando en la parte Oeste de dicha rivera y acabando en su parte Este al fondo de la dársena, en el plan Fourmiguier reservado a la construcción naval. Ninguna de las riveras de la dársena estaba protegida por murallas. Toda la rivera meridional pertenecía a la abadía fortificada de Saint-Victor pero no estaba urbanizada.

Cadenas que impedían el paso al puerto de Marsella, se conservan en la Catedral de la ciudad de Valencia.
Cadenas de Marsella

El sistema de defensa del puerto se concentraba enteramente a nivel de la bocana, de un centenar de metros de ancha, de los cuales unos setenta de la parte Sur estaban obstruidos por rocas más o menos sobresalientes prohibiendo el paso a los navíos, y quedando solo una treintena de la parte norte que constituía el paso navegable. Para controlar el paso, una cadena removible lo cerraba. Pero la dificultad de tender una cadena de treinta metros condujo a dividir el paso con dos de 15 metros, para lo cual probablemente se estableció una torre de madera en medio. El 20 de noviembre, un primer contingente de soldados aragoneses desembarca en una cala situada al Oeste de Saint-Victor, en la hoy denominada Anse des Catalans. Por la parte Norte de la bocana del puerto viejo atacan la torre Maubert (sobre la que posteriormente se edificaría la actual torre cuadrada del rey René) en el actual fuerte San Juan y principio de la muralla, cuyos defensores sucumben tras feroz resistencia. La nave de Bertrand Forbin es embestida y hundida por cuatro galeras aragonesas.

Zurita al respecto nos dice: «Estaba a la entrada del puerto una sola nave; y reconociendo la armada real amarraron la gabia y mastel con una torre a donde se acostó la nave, y no pudiendo desaferrarla cuatro galeras que la combatían mandó el rey que se combatiese la torre por la parte de la tierra que era donde salía la cadena que cerraba la entrada del puerto; y el rey fue a hallarse al combate della con cuatro compañías que salieron a tierra de aquellas galeras; y no se pudieron entrar la torre por su fortaleza y por estar en buena defensa pegóse fuego a la puerta; y habiéndose emprendido, los que la defendían se dieron a partido con tal condición; que no se entregase la torre sino habiendo entrado el lugar, y echaron las armas que tenían en su defensa.»

Cadenas que impedían el paso al puerto de Marsella, se conservan en la Catedral de la ciudad de Valencia.
Cadenas de Marsella

La nave de Juan de Corbera, a la cabeza de las galeras de la escuadra, intentaron romper las cadenas que cerraban el puerto sin conseguirlo; por tierra entraron y ganaron un navío sin remos, se los instalaron y con él capturaron otros dos, embarcaron en estos cuarenta soldados escogidos, con ellos dominaron al resto quedando dueños de todos los allí presentes.

Continuaron con el intento de partir la cadena, pero salieron a defenderla los marselleses, en este instante comenzó a anochecer y el conde de Cardona recomendó parar el avance y seguir al día siguiente, pero don Juan de Corbera indicó al Rey que si esperaban los enemigos podían reforzase durante la noche y perder lo ganado, S. M. ordenó proseguir con presteza el combate, entonces fue cuando varias galeras embistieron la cadena logrando partirla, a partir de aquí la defensa se vino abajo al desembarcar toda la tropa.

Mientras por otro punto cuatro galeras pusieron a las tropas en tierra, la población comenzó a defenderse tirando incluso piedras desde los tejados de sus casas, esto causaba bajas y retardaba la dominación, por ello se dio la orden de prender fuego a algunas casas por ser de madera, pero muy pronto el viento fue corriendo el fuego por casi toda la ciudad, ante esto los habitantes comenzaron a abandonar sus posiciones. El Rey salvó del saco solamente a las mujeres que se refugiaron bajo sagrado en las iglesias, ordenando a todos fueran respetadas, así como hombres principales que no le ofendieren. En agradecimiento las mujeres se despojaron de todas sus joyas para entregarlas al Rey, éste ordenó les fueran devueltas, por la honra demostrada por guardar su honestidad, terminado el combate en sí, les permitió salir para reunirse con los suyos. La abadía de Saint Víctor fue preservada del saqueo debido a sus altas murallas y al vigor de su resistencia. Tuvo lugar el combate el sábado 19 de noviembre.

La cadena fue rota según las crónicas por Jimén Pérez de Corella y otro caballero al mando de cuatro velas por nombre don Juan de Torrellas, siendo quienes siempre estuvieron en vanguardia de las tropas peleando sin descanso. En el transcurso del pillaje, los aragoneses se apoderaron del convento de frailes menores, donde se custodiaban las reliquias de Saint-Louis d’Anjou (muerto el 19 de agosto de 1297 y canonizado el 7 de abril de 1317), a pesar de que estas fueron escondidas preventivamente. El 23 de noviembre, el Magnánimo reagrupa sus fuerzas y retornan con la flota al archipiélago de Frioul llevando como trofeo, entre otras cosas, las reliquias de Saint-Louis y los dos trozos de cadena del puerto, y de allí parte para Barcelona, por un nuevo temporal el 1 de diciembre entró en el puerto de Palamós, al calmar se dio al remo llegando el 9 siguiente a Barcelona, pero sin desembarcar, por querer estar más cerca de Castilla continuó viaje a Valencia, desembarcando en el Grao de Valencia el 12 seguido. Las cadenas del puerto de Marsella y las reliquias de Saint Louis de Toulouse fueron entregadas por el Rey a la Catedral de Valencia, donde aún hoy pueden contemplarse. Solo dos vértebras del santo fueron devueltas a Marsella en 1956.

Las reliquias de Saint-Louis de Marsella custodiadas en la Catedral de Valencia.
Reliquias de Saint-Louis de Marsella.
Custodiadas en la catedral de Valencia

Al respecto nos narra Zurita: «En aquella ciudad, en señal desta entrada y combate de Marsella, se puso en la iglesia catedral della en la capilla mayor, la cadena que se rompió a la entrada del puerto; y después en el año 1425 estando en aquel reino el cardenal don Pedro de Fox legado apostólico por lo de la extirpación de la cisma, el rey le envió a micer Jaime Pelegrín ―de su consejo― para pedirle que, atendida la devoción que tenía a San Luis obispo de Tolosa de la orden de los menores, cuya cabeza y huesos se habían hallado por sus gentes en la entrada de Marsella en la casa de un vecino de aquella ciudad a la cual se había puesto fuego y no sin gran peligro se habían librado dél aquellas santas reliquias, se diese licencia que se pusiesen en alguna iglesia principal de sus reinos, a donde estuviesen con la devoción y veneración que se requería. Y con su orden y licencia se pusieron en la iglesia mayor de Valencia, a donde aquel glorioso santo se reverencia como uno de los santos protectores y patronos de aquella ciudad.»

Pasados unos años, el rey Carlos VIII de Francia bisnieto del duque de Anjou, pidió se le devolvieran las reliquias del santo a cambio restituiría a Fernando el Católico el Rosellón y Cerdeña, pero don Fernando se negó por ser muy veneradas donde estaban.

Notas

  1. Nos encontramos con un dato discordante, según Zurita sale el 11 de mayo al mando de la escuadra; según Laurencin se le otorgó el título de almirante al fallecer su padre el 22 de mayo. Nos es difícil afirmar quien está equivocado o simplemente es un error de imprenta, al dar por seguro que el cargo se le otorgó antes de salir, basándonos en que le fue entregado por la reina gobernadora doña María de Castilla. Por otra parte, sin problemas de mención en la navegación nos cuesta aceptar que saliendo de Barcelona el 11 de mayo llegasen a Nápoles el 10 de junio, 29 días es demasiado tiempo para navegar las 595 millas de distancia, de ser así sería una media de 0'85 millas por hora, si lo hacen el 22 se reduce a 18 ó 17 días, (dependiendo la hora de salida y llegada) con una media horaria de 1'40 millas, pareciéndonos todavía muy poca aun navegando a cuarteles y máxime por la urgencia de su presencia, por esta razón pensamos que la fecha correcta es el 22, cuando al recibir la cédula de nombramiento se hizo a la mar. A veces un día da para mucho.

Bibliografía:

Cervera Pery, José.: El Poder naval en los reinos Hispánicos. Editorial San Martín. Madrid, 1992.

Condeminas Mascarós, F.: La Marina Española (Compendio-Histórico). Barcelona. Editorial Apolo. 1923.

Laurencín, Marqués de.: Los Almirantes de Aragón. Datos para su cronología. Establecimiento Tipográfico de Fortanet. Madrid, 1919.

Montero Sánchez, Antonio.: Compendio de la Historia de la Marina Militar de España. Rivadeneyra. Madrid, 1900.

Zurita, Jerónimo.: Anales de la Corona de Aragón. C. S. I. C. Institución ‹Fernando el Católico› Zaragoza, 1967. Facsímil de la Edición Príncipe de 1562 y la mejorada de 1585.

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